Ramón Aymerich, jefe de economía de la Vanguardia, el 29 de setiembre de   2011 en la Sede Central de GRUP IDEA Barcelona dio respuesta a la pregunta: ¿Puede el DISEÑO ayudar a la ECONOMÍA?

Hay tres tipos de maneras de entender el diseño. Por un lado están las empresas que hacen diseño (por ejemplo Santa Cole, Escofet, Marset…). No producen por si mismas cambios demasiado importantes. Se enmarcan dentro de la tradición en Catalunya que se remonta al Modernismo. Por otro lado están los clientes. Normalmente las empresas grandes hacen un mejor uso del diseño. En general, y sobretodo en España, cuesta que las empresas relacionen el diseño con los resultados de una empresa. Seguramente porque los diseñadores se explican poco. En los últimos tres años y hasta hoy las empresas han ganado cuota en el mercado exterior, ahora vuelve otra bajada. Ha sido casi como un milagro. Si analizamos los ejemplos que tenemos veremos que la mayor parte de ellas no han recurrido al diseño como motor. Los empresarios tienen problemas para entenderlo, seguramente por un problema de cultura. Ven como los italianos venden más gracias al diseño, pero no llegan a cambiar el chip. Por último están las empresas que utilizan el diseño para reinventarse. Por ejemplo Lékué.  Su historia reciente se remonta a 1.990, cuando empiezan a copiar sus productos de moldes de plástico y silicona desde Asia, y van perdiendo mercado. Entonces deciden apostar por el diseño, multiplicar por tres el precio de los productos, y cambiar el posicionamiento de la empresa. La marca España en ciertos segmentos funciona y en otros no.  Grandes acontecimientos como ganar el mundial sí que ayuda a determinados segmentos, pero en general empresas como Ferrovial o OHL dicen que la marca España no les beneficia. Si se analiza este punto con otros países, se puede observar que la organización externa no ayuda. La impresión que tenemos todos es que el industrial y empresario sale solo con su maleta al exterior. El Corte Inglés de Plaza Catalunya tiene un 58% de su facturación ligada a los turistas. El comercio local ha empezado a ver que su actividad tiene que girar en torno al turismo. No les gusta pero poco a poco lo van entendiendo y se acercan a ciudades como Paris o Amsterdam, donde es impensable que las tiendas cierren los fines de semana.

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