Transversalidad es una de las palabras más manidas en los últimos tiempos. Es de las más usadas en política. La transversalidad o transversalismo es una corriente ideológica que defiende la renuncia a identificar sus ideas con el espectro político clásico, basado en la distinción izquierda-derecha.​ Por otra parte, el transversalismo puede aplicarse a posicionamientos que declaren obsoletos otros clivajes políticos diferentes. ¿Pero qué queremos decir con ‘materialidad transversal’? Me gusta decir que “mirar transversalmente, no es mirar de reojo”. Se trata de aprender de quien tenemos al lado, de aprender de otras disciplinas y trabajar en equipo, aplicando el talento de cada persona en beneficio de unos objetivos comunes. 

Mirar transversalmente tiene mucho que ver con diseñar juntos, cocrear, codiseñar… Y si hablamos de codiseño, estamos hablando también de ‘open innovation’, es decir de innovación abierta. Por tanto, hablaremos de equipos pluridisciplinares, con formaciones y conocimientos distintos, que se unen alrededor de un proyecto común. El talento de todos ellos radica principalmente en cómo miran el mundo.

 La innovación abierta es un término que acuñó el profesor Henry Chesbrough y que define una nueva estrategia de innovación, mediante la cual las empresas van más allá de sus límites y desarrollan la cooperación con organizaciones y otros profesionales externos a la misma. Es decir, dejan de mirarse el ombligo para mirar el ombligo del vecino.Tradicionalmente, las empresas han gestionado la innovación de forma cerrada (innovación cerrada o ‘closed innovation’), sistema a través del cual los proyectos de investigación se gestionaban simplemente con el ‘know how’ y los medios del propio sistema.

Bajo este modelo clásico, los proyectos sólo pueden empezar en el interior de la empresa y terminar en su propio mercado. Sin embargo, bajo el modelo de innovación abierta, los proyectos pueden originarse tanto dentro como fuera de la empresa. El talento externo puede incorporarse tanto al principio de los proyectos, como en fases intermedias del proceso de innovación, y pueden alcanzar el mercado a través de la misma compañía o a través de otras empresas.

 Hablar de ‘open innovation’ también significa hablar de ‘design thinking’, situando siempre en el centro al proyecto, es decir al usuario y no al arquitecto/diseñador, el cual juntamente con el resto de disciplinas que intervienen, deben situarse como satélites girando a su alrededor.

La arquitectura es una disciplina holística. En ella, todo está o debería estar conectado, y por tanto es necesaria una mirada transversal desde varias disciplinas. Pero la mirada transversal puede aplicarse a través de tres ejes.

 1)    Tiempo. Analizar un objeto, espacio, o cualquier otro material a través del paso histórico. Es decir, es necesario ser conocedor del pasado, para desde el presente diseñar un futuro mejor.

2)    Disciplina. Un mismo material puede ser visto e interpretado de modo diferente por cada una de las disciplinas que intervienen en un proyecto. Y todas ellas son válidas. Es más, podemos aprender de otras disciplinas y aplicarlas en la nuestra. Si sólo aprendemos de ‘los nuestros’, acabaremos haciendo siempre lo mismo.

3)    Sector. No es lo mismo retail, ‘healthcare’, ‘hospitality’, ‘workplace’ o ‘home’, pero podemos hacer vasos comunicantes entre ellos. El futuro es cada vez más híbrido y las fronteras entre sectores y disciplinas son cada día más borrosas.

Pensamiento lateral

 El ‘look&feel’ (atmosfera o ambiente) y el ‘estilo’ del espacio arquitectónico, dependen de una estrategia previa y de su tangibilidad material, a través del diseño. En la arquitectura participan los cinco sentidos, pero es el tacto, a parte de la vista, unos de los más esenciales.

 Cuando hablamos de material podemos hablar de sensaciones, texturas, criterios de sostenibilidad, precios, sistemas constructivos… Es por ello que podemos hablar del material en un sentido transversal. Como nos enseñó Edward de Bono en sus ‘Seis sombreros para pensar’, debemos utilizar un método de trabajo constructivo, en lugar de argumentos enfrentados para hacer una correcta selección de materiales. Debemos mirar el material desde diferentes prismas, colocándonos en cada ocasión un sombreo distinto. Así, el sombrero blanco se centrará en hechos y cifras; el rojo en las  emociones y sentimientos; el negro en tener juicio y cautela; el amarillo será especulativo-positivo; el verde se centrará en el pensamiento creativo; y el azul nos ayudará en el control del pensamiento.

 El método de los seis sombreros, el pensamiento lateral, resulta esencial porque permite a nuestro cerebro maximizar su sensibilización en distintas direcciones y en diferentes momentos. Porque es imposible experimentar a la vez esa sensibilización máxima en direcciones distintas. Citando irónicamente y libremente a Jack el Destripador, tenemos que hacer el trabajo por partes, aplicando en cada momento una mirada distinta, aunque al final, las conectemos todas de un modo transversal.

‘Brand material’

Hablando de materialidad y de transversalidad, es importante también remitirse al concepto que denominó ‘brand material’, que permite englobar aspectos susceptibles de ser tratados desde un prisma diferente al habitual de la materialidad ligada al ‘branding’, como son los materiales, las texturas, el uso del color, la iluminación, la identidad de la marca, los detalles constructivos, las fijaciones… Porque ‘branding’ no sólo es diseñar un logo y elegir unos colores corporativos. La materia, aquello que vemos y tocamos, también transmite sensaciones y valores de marca.

 Se trata de escoger los materiales que componen la arquitectura, utilizando una paleta cromática y texturas que, conjuntamente con la forma, permitan proyectar imagen de marca.

 Porque para hablar de materiales, no debe esperarse a cuando estamos elaborando el ‘estado de mediciones’ de un proyecto. ¿Y ahora de qué lo construyo? ¿Madera, metal, cerámica…? La elección de materiales debe producirse mucho antes y ser algo intrínseco al proyecto. En la fase creativa inicial de un proyecto, los ‘moodboard’ de tipo referente y material son claves para transmitir el ‘look&feel’ del proyecto. Incluso hay arquitectos que las primeras ideas sobre las que hacen girar la creatividad, son justamente esta elección del material. Sería el caso, por ejemplo, del arquitecto suizo Peter Zumthor, Premio Pritzker2009, que en ‘Pensar la arquitectura’ escribe: “Así, en mi obra pongo toda mi atención en concebir mis edificios como cuerpos, construyéndolos como una anatomía y una piel, como una masa, una membrana, como materia o envoltura, tela, seda y acero reluciente.”

Otra mirada posible alrededor de la materialidad, es la sostenibilidad. El futuro de la arquitectura será sostenible sí o sí, porque sino, no existiremos. En 2016, gastábamos un 50% más de todos recursos naturales producidos por el planeta Tierra en un año, y a este ritmo en 2100 precisaremos tres planetas Tierra, cuando solo disponemos de uno. Es por ello que utilizar materiales ecológicos, reciclables, de Km 0, etc. no es un valor añadido a nuestros proyectos, sino un valor que debería ser intrínseco. Tenemos que releer ‘Cradle to Cradle’ (‘De la cuna a la cuna’) y aplicar lo aprendido a la arquitectura. Nos invita a rediseñar la forma en que hacemos las cosas. Es un libro publicado en 2002 por el químico-ecologista alemán y ex-miembro de la organización mundial ‘Greenpeace’, Michael Braungart, y el arquitecto-paisajista estadounidense William McDonough, en el que nos proponen una nueva forma de interpretar el ecologismo, la próxima revolución industrial. Frente a esta situación, nos proponen que atajemos siempre los problemas desde su raíz. En lugar de reducir los consumos de energía, debemos tener en cuenta de modo transversal, desde el propio diseño y concepción de cualquier producto, estrategia o política, todas las fases de los productos involucrados (extracción, procesamiento, utilización, reutilización, reciclaje…), de manera que ni siquiera sean necesarios los gastos de energía, incluso que el balance de gastos y aportes sea positivo.

Debemos sí o sí, aplicar la ‘regla de las tres R’. Y digo tres, cuando podrían ser muchas más: rehabilitar, renovar, recuperar, reusar, reducir, reciclar, reutilizar, rediseñar…

¿Repensamos juntos la materialidad de nuestros proyectos?

Miquel Àngel Julià,

Arquitecto y director de Estrategia y Diseño en Grup Idea

Vicepresidente del Retail Design Institute Spain

SECARTYS NEWS – ARTÍCULO DE MIQUEL ÀNGEL JULIÀ, ARQUITECTO Y DIRECTOR DE ESTRATEGIA Y DISEÑO EN GRUPIDEA
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