Lujo y entorno

El diseño de los espacios que envuelven los diferentes artículos, deben estar alineados con el sentido de la marca, buscando juegos que refuercen el contenido del servicio o producto. Así, el espacio de venta y su forma se transforman en el producto en sí. Porque sin las condiciones adecuadas, y sin una  experiencia de compra memorable es difícil que el cliente se sienta atraído y repita.

No debemos olvidar que diseñamos y nos movemos para satisfacer a las personas, clientes que queremos que se fijen en nosotros, de una forma natural y envolvente, con una historia coherente que contar y que despierte el interés y sobretodo las emociones.

Si a este juego le añadimos otro reto, el de las sofisticaciones técnicas de que disponemos, el resultado puede ser todavía más sorprendente.  En el ámbito tecnológico, el lujo es, sin duda, la libertad de actuar con naturalidad frente a medios técnicos que ya nos envuelven, pero que para que sean efectivos tienen que ser invisibles.

Los consumidores deberían ser cada vez más escuchados a la hora de concebir productos o servicios, puesto que combinando los aspectos que los clientes consideran importantes y haciendo de dichos clientes el centro, es posible crear una historia consentido por la cual se esté dispuesto a pagar un precio adicional.  Las marcas son las que siempre se han esforzado más en buscar un significado a todo lo que hacen, reinventándose continuamente. Ahora deben “customizarse” para lograr ese plus que el cliente valora y que considera lujo, puesto que lo “único, lo personalizado” es lujo

En un mundo global, poder ser uno mismo es un lujo y los que creamos debemos poner todos los medios para ello.

Imaginación y  arquitectura corporativa

La ciudad se debe gestionar para la creación de riqueza y muchas veces da la sensación de que vivimos con un sentido excesivamente social que ha acabado engullendo la ambición empresarial.

Si a este razonamiento le añadimos la actual coyuntura económica, la reinterpretación de  espacios y edificios para generar nuevos negocios a partir del contenido parece una buena alternativa.  Se trata pues de rehabilitar, de aprovechar lo que tenemos para dotarlo de un nuevo significado.

Este criterio es el que hemos aplicado en el diseño de la rehabilitación de este edificio, y muy particularmente en el espacio que ocupamos. Este IDEA LOFT es un espacio abierto, indefinido que puede transformase según las necesidades de nuestros clientes, y de nosotros mismos como usuarios.

Hemos visto en los últimos años demasiados ejemplos de recursos públicos y privados destinados a meros contenedores, olvidándose de los contenidos, de su vida posterior. “Primero construimos y después ya veremos lo que ponemos dentro”.

Barcelona ha sido la ciudad de los arquitectos, entendidos como diseñadores de moda que creaban esculturas en forma de edificios, llenos de formalismos, pero huecos y vacíos por dentro. Es hora de la arquitectura modesta y dedicar los recursos importantes a los contenidos.

En eso las marcas tienen mucho que decir, hibridando los valores intrínsecos del lugar físico donde se implantan, con su significado como marca. Es éste un reto apasionante que profesionalmente hemos ido descubriendo en nuestro despacho.

Y en Barcelona, ciudad abierta e internacional donde las haya,  hay numerosos ejemplos de esto: edificios desnudos, locales que despojados de cualquier tipo de revestimiento, nos hablan mucho más que otros discursos que los esconden totalmente. En todo caso, el diálogo imaginativo de materiales, texturas y sonidos combinados con sensibilidad, llaman mucho más la atención que el neón más estridente. Me vienen a la memoria varios casos que hemos ido descubriendo en el qué hacer profesional del día a día.

La imaginación es el lujo real de todas estas actuaciones, esa atmósfera que no se puede medir en ningún balance contable, en la que más que llenar se trata de vaciar, de crear espacios, pausas y cadencias, para excitar los sentidos a los visitantes y que creen su propia atmósfera de compra.

El lujo se vende a través de la imaginación del que crea, pero dejando espacio y temas lo suficientemente sugerentes para que el visitante imagine su propio mundo y lo interprete a su manera.

Y en esa sutileza y diálogo, la que ofrece y se muestra, y la otra la del que se deja envolver, es dónde realmente se encuentra para nosotros el lujo, en sugerir, sin forzar, y en tener tiempo y espacio para que los sentidos despierten. En centrarnos, por así decirlo, en la erótica del comercio, y no en ser demasiado explícitos, en la sutileza y mano izquierda femenina, más que en la rotundidad masculina.

Porque los gritos, y el exceso de estímulos, no llaman la atención, o acaso alguien se imagina lo cansino que podría llegar a ser un continuo devenir de truenos, sin tormenta a la que pertenecer…… o la saturación que supondría para el paladar comer los más suculentos manjares cada día, hasta hartarnos de esos sabores que saben a fiesta, a cenas íntimas y que nos ayudan a conformar y recordar los momentos más importantes de nuestras vidas.

Porque el manjar lo es gracias a acompañamientos  diarios más acordes con las circunstancias del día a día.  Y parece que en los últimos años todos nos hemos olvidado un poco de que de fiesta no se puede ir cada día, pero sí conviene hacerlo de vez en cuando….. y ahí el lujo, bien entendido tiene un papel primordial en la vida de todos nosotros.

Se trata pues de lo auténtico como lujo, en eso consiste la paradoja del progreso; el lujo ya no se define como lo extravagante y opulento, sino como lo simple y auténtico, lo que es.

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