Actualmente al hablar de diseño, es más importante hablar del “cómo diseñar”, que del “qué diseñar”. Es por ello que en el diseño de iluminación arquitectónica, al igual que en cualquier otra especialización, es preciso que antes que nada, nos replanteemos los procesos y metodologías de trabajo. ¿Podemos entender el diseño como herramienta estratégica de una empresa? ¿Pueden la imaginación y el diseño ayudar a vender más y mejor? Por supuesto, pero empecemos por el principio… ¿qué es Diseño?

Del mismo modo que el gurú del marketing, Regis McKenna, dijo que “Marketing es todo, y todo es marketing”, podríamos decir que diseño es todo, y todo es diseño. Casi todo lo “artificial” que nos rodea y facilita nuestra calidad de vida ha estado diseñado. Sólo debemos saber observar. Se diseña objetos, espacio, iluminación, edificios, servicios, experiencias…

Diseño es el coche que conducimos, la pinza de tender la ropa, el iPad, el clip con el que sujetamos los papeles, la silla donde nos sentamos… La verdad es que nunca antes habíamos acumulado tantos objetos en nuestra vida cotidiana. Pero hacemos un mal y excesivo uso de la palabra diseño como adjetivo, desvirtuando su significado primigenio. Hablamos de “lofts de diseño”, “drogas de diseño”,… incluso de “sonrisas de diseño”. Algunos medios de comunicación utilizan diseño de un modo frívolo y superficial, como adjetivo, desvirtuando y por tanto desvalorizando su significado primigenio.

Debemos utilizar el verbo “diseñar”, entendido como la actividad abstracta previa a su producción, o como sustantivo, “diseño” entendido como resultado final. Pero… ¿qué pasaría si incorporáramos el pensamiento creativo del diseñador al analítico de las escuelas de negocios?  Tal como ya se avanza al principio del texto, el diseño puede utilizarse como herramienta estratégica de las marcas, ayudando a las empresas a vender más y mejorar su productividad.

Investigación, creatividad y sociedad se dan la mano en los nuevos modelos de negocio, pues al final es la sociedad, el usuario, quien decide si algo funciona o no… Si no se hace lo que se imagina y no se usa, no se innova. Sería bueno por tanto, definir ahora qué podemos considerar como “codiseño”. Esta metodología proyectual, que en realidad no es nueva, pues siempre se trabaja en equipo, nos permite crear valor en cada proyecto, con conocimientos que el diseñador elige utilizar del mismo cliente, del usuario y de  disciplinas externas.

Se habla de Innovación abierta, cocreación y de codiseño y suele significar diseñar con el cliente y/o usuario. Pero es preferible entender el concepto de codiseño, como el nivel más alto de coworking (colaboración), el de compartir conocimiento entre diferentes disciplinas que normalmente se dan la espalda o simplemente se ignoran entre ellas.

Aplicar a los proyectos el concepto de codiseño significa que el arquitecto-diseñador se enriquece de la colaboración de elementos que tradicionalmente le quedaban alejados a la hora de proyectar. El tratamiento del cliente en colaboración se traduce en la “escucha activa” de las necesidades del usuario y de las aspiraciones que el cliente quiere conseguir con el diseño que desea encontrar y desarrollar. Esa es la forma más efectiva para detectar necesidades específicas que conducen a la generación de nuevos modelos de negocio, siendo el diseño el motor para encontrar nuevas oportunidades.

Al cliente hay que escucharle, pero lo de “el cliente siempre tiene la razón” no es del todo cierto. Tampoco lo es, que lo tenga el arquitecto o el diseñador. Hemos de entablar con el cliente esa “escucha activa”. Tenemos, por tanto, que cuidar el mal utilizado concepto de cocreación (crear con el cliente). Al cliente se le debe escuchar, pero hay que interpretarle. Al papel en blanco nos debemos enfrentar los especialistas. ¿Verdad que vamos al médico y no nos automedicamos? Pues aquí es lo mismo.

Así se crea valor en cada proyecto, con los conocimientos que el codiseñador elige utilizar del propio cliente, del usuario y de otras disciplinas externas al diseño. Se consigue así diferenciación y exclusividad, creando un estilo a medida, singular e innovador para cada proyecto y cliente. Éste cada vez deberá acumular menos conocimientos técnicos y deberá potenciar su capacidad para conectar personas, ser una especie de linker. El arquitecto-diseñador podrá ser un HUB (conector) del conocimiento, un especialista interdisciplinario y multinivel.

Codiseñar no es tener un comité de diseño. Es la necesidad de participación de todas las partes implicadas, no sólo de especialistas. Este es el mejor modo de conocer, analizar y mejorar los procesos de trabajo. No se debe imponer un cambio e implementarlo, sino que antes debe pensarse y definirse colectivamente para que este cambio llegue a considerarse como propio de todo el equipo.

Casi como conclusión y hablando de codiseño, me gustaría poder enunciar tres referentes a tener en cuenta. Sorprenderá que no sean arquitectos, ni lightdesigners, y que ni siquiera tengan título universitario: Ferran Adrià, Steve Jobs y Pep Guardiola.  ¿Qué tienen en común? Allá les dejo la reflexión abierta. Porque es más importante tener preguntas y saber quién puede dar respuestas, que conocerlas.

Ahora sí, para terminar, les dejo con una frase del conocido profesor, investigador y divulgador científico Jorge Wagensberg: “Cambiar de respuesta es una evolución; cambiar de pregunta es una revolución”. ¿Revolucionamos juntos el futuro de la sombra? Y digo sombra, porque sin sombra no hay luz…

Miquel Àngel Julià, Director de diseño de Grup Idea

El presente artículo es un extracto revisado de la conferencia magistral “Codiseño y luz” impartida por el arquitecto Miquel Àngel Julià, director de diseño de GRUP IDEA en la Universidad de Arquitectura de la UNAM (11/10/2013).

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